Cosas que pasan

Y no es ese momento lo que me tenia como detenido, era otra cosa, que quería saber y ya se. Sin salirme aun demasiado de mollera, me dado cuenta de la cantidad de cosas que aun me queda por hacer. Me ha dado por pensar que el haber conseguido muchas otras me había dejado maravillado de mi mismo, por que no decirlo. Supongo que en eso estaba, regodeándome en mi pequeño triunfo, en mi gran triunfo, en mi ansiado triunfo, parado en esa delicia de la victoria personal.
Por suerte, o por naturalidad, me atormento la pregunta de si ya no tenia nada más por hacer y, afortunadamente, me quedan muchas cosas. Supongo que es lo que pienso siempre de los viajes, la verdad es que no quiero llegar a ningún sitio, quiero estar siempre en algo, aspirar siempre a algo, sin eso, hundido en la rutina, supongo que no podría vivir.
No importa que llegues a donde querías o que no quieras ir a ningún sitio, al fin e cuentas, te quedas parado igualmente, solo antes o después. Es el pequeño miedo a pensar que has logrado en algo la perfección, ¿y ahora que? Regodearte de tus propios logros, resulta demasiado aburrido.
Dicen que es difícil subir, pero más difícil mantenerse, así que lo mejor es estar subiendo siempre, fácil, ¿no? Lógica de la más mundana y natural. Tenemos la suerte de vivir en un mundo lo suficientemente extenso como para poseer muchas cosas nuevas por hacer, siempre novedades disponibles y, llegado el caso que la novedad sea una mierda, una gran memoria histórica sustentada en cientos de años para disfrutar.
No tenía bien claro que quería decir, ni que estaba pensando pero la cosa es que nunca me ha gustado forzarme y hay que organizarse y preparar todo con calma. Siempre es bueno viajar con algún equipaje, aunque no es bueno pasarse en la planificación, sino te quedas sin respuesta a las vueltas de la vida y las sorpresas se convierten en contratiempos.
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